Si a mí me pica la nariz, nadie me rascará tan bien como yo: pues yo me rascaré en el lugar exacto, con la intensidad y fuerza necesaria y dejaré de rascarme en el momento justo en que deje de picarme.
Nadie, y evidentemente un funcionario aún menos, podrá sustituirme. Culquier sustitución será nefasta para mí. Pues obtendré un pésimo servicio y me costará muy caro, a través de impuestos.
Viene esto a cuento de quién tiene que resolver los problemas: nosotros mismos o los demás.
¿ Que los demás pueden ayudarnos ? Me parece muy bien, pueden meternos la comida hasta dentro de la boca. Pero el esfuerzo de mascar hemos de hacerlo nosotros mismos.
nsubils
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lunes, 25 de enero de 2010
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